Recuerdo la tarde que con mis 9 años de edad, y con algunos amigos del barrio alquilamos en un video club cercano PESADILLA EN LA CALLE ELM esta joya dirigida por el gran West Craven en 1984, puedo recordar el estupor, el ambiente creado en todos los presentes, esa maestría para erizar nuestra piel, pero así también esa ventana que esta obra me abría, para comenzar a entender algunas cosas de esta realidad fisioespíritual, comprender que hay algo que al desconectarnos de los sentidos, se sumerge en nosotros o nos toma como un guante calzándonos a su antojo en sus deseos, algo totalmente desconocido y que nunca jamás sabremos el verdadero mecanismo, todo lo que dijo S. Freud esta escrito fuera de este pestilente pozo infinito y negro como cosmos.
Lo cual me levo a escribir un pequeño ensayo inspirado en estas sensaciones e interrogantes que nacieron desde ese día de mi niñez.
Sujete bien todos sus sentidos y déjelos a un costado e intente caminar por cada una de las palabras de este ensayo poético, de sentir el hedor de sus ambientes, ver como estroboscópicas imágenes lo que esos signos emanan.
¿Que son los sueños si no más que frágiles cajas de cristal?
¿Pero que guardamos en ellos? Nuestros deseos, anhelos, recuerdos o nuestro lado oscuro, lo perverso, lo macabro, lo psicópata.
¿Quién decide las visiones de nuestros sueños? ¿Bestia o Dios? ¿Mantra o psicofármaco?
Anzuelos de otros mundos encarnados con nuestros nervios, la línea que divide el punto muerto y provisorio de vida, hasta el próximo despertar.
Pesadillas, las tierras ensangrentadas de los sueños, volcán hirviente de nuestros miedos, ojos eternamente sellados, la muerte son los sueños, algo que se sumerge a kilómetros de niebla de nuestra almohada y ahí yace esperando como un animal que se relame los dientes ante el sabor de mi onírica sangre,
Lo perverso ha colmado la frágil caja de cristal, la vampírica muerte viene por nuestra sangre, cada acelerado latido resonando por el oscuro pasillo, es un placebo para saciar su deseo.
Cortemos con un afilado cuchillo de luz los parpados, luchemos entre los tejidos como en un nacimiento, útero intermedio entre los mundos.
Escapemos de una vez por todas del acecho, invirtamos nuestra acción de presa a cazador, y asesinemos a lo que nos reprime, lo sepultado y casi muerto que nos ahorca, a los miedos disfrazados. Cortémosle el cuello a las pesadillas para que sangren gota a gota nuestra realidad.
F.J.MENVIELLE
